A lo largo de la historia, los escritores han hablado del poder terapéutico y, sobre todo, catártico, que tiene expresar por escrito pensamientos y emociones, ya sea contando la realidad vivida o creando cuentos e historias. Durante el proceso de escritura, utilizamos tanto nuestra parte racional, lógica y estructurada ligada al lenguaje, como nuestra parte emocional, artística y creativa. Por lo tanto, se ponen en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales, que interrelacionados ayudan a la regulación del sistema límbico y el equilibrio emocional

En nuestra mente el lenguaje es inmediato, espontáneo y a menudo desordenado. Los pensamientos se suceden rápidamente y en muchas ocasiones unos interrumpen a otros, dependiendo de la intensidad con la que aparezcan. Escribir hace que se pueda tomar una cierta distancia sobre ellos. Te permite parar para reflexionar, madurando así las ideas que en un inicio aparecieron de un modo caótico.

En muchos momentos hacer este ejercicio nos va a parecer una pérdida de tiempo, sin embargo, lo que podemos conseguir si no lo hacemos es divagar sobre nuestros pensamientos, perdernos en ellos sin llegar a ahondar en lo realmente importante.

La escritura también tiene muchas ventajas cuando se incorpora en el proceso de la psicoterapia. Algunas de ellas son:

 

COMPROMISO:

Cuando se le invita al paciente a escribir acerca de su proceso, se eleva su compromiso con la terapia, ya que le ayuda a mantenerse conectado entre las sesiones y a ser más consciente de su evolución.

PARTICIPACIÓN ACTIVA:

Le da un papel más activo al paciente en el proceso de recuperación.

EXPRESIÓN DE SENTIMIENTOS:

Favorece la expresión de sentimientos y emociones.

MENOS RUMIACIÓN DE PENSAMIENTOS:

Al plasmar los pensamientos en el papel, el paciente deja de rumiar sobre sí mismo.

AUTODISTANCIAMIENTO:

Podemos ver lo que nos pasa desde una cierta distancia.

 

ALGUNOS EJERCICIOS DE ESCRITURA TERAPÉUTICA:

 

  • La línea de la vida: Trazar en el cuaderno una línea desde el nacimiento hasta el momento actual, señalando los acontecimientos y experiencias más importantes que te hayan marcado, para bien y para mal. Responder luego para cada una de ellas preguntas como: “¿Cómo te sentiste en ese momento?”, “¿Cómo te sientes ahora respecto a él?”, “¿Por qué te marcó?”…
  •  Soy: Escribir un poema titulado “Soy”, sin prestar atención a la rima, en el que hables acerca de quién eres, dejando fluir espontáneamente lo que sientes.
  •  Ejercitando el asombro: Oliverio Girondo (poeta argentino), dijo: “La costumbre nos teje una telaraña en las pupilas”. Para evitar esto, tratar de escribir cada día algún hecho que te produzca asombro, algo extraordinario que, aunque la costumbre lo haya hecho habitual, no deje de ser especial. 

 

Bibliografía: “Practicando la escritura terapéutica: 79 ejercicios”, Reyes Adorna (ed. Desclée).