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Muchas personas llegan a consulta diciendo algo como:
“Sé que quiero, pero no disfruto”,
“Mi cuerpo no responde”,
“Estoy presente, pero a la vez desconectado/a”.

Las dificultades para disfrutar del sexo son más comunes de lo que parece y no tienen que ver con falta de deseo, de amor o de interés. En muchos casos, el cuerpo está reaccionando desde la protección, no desde el placer. Y esto no ocurre por casualidad.

La terapia EMDR puede ser una herramienta muy valiosa para entender y trabajar este tipo de bloqueos.

¿Qué entendemos por dificultades para disfrutar del sexo?

Disfrutar del sexo implica poder estar presente en el cuerpo, sentir seguridad y permitir las sensaciones placenteras. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer dificultades como:

  • Problemas para excitarse

  • Dificultad para llegar al orgasmo

  • Sensación de desconexión corporal

  • Tensión, bloqueo o “mente en blanco”

  • Estar pendiente de hacerlo bien en lugar de sentir

A veces el sexo se vive más desde la cabeza que desde el cuerpo, o incluso como una obligación, algo que “toca” más que algo que se desea disfrutar.

¿De dónde pueden venir estas dificultades?

En muchos casos, estas dificultades no surgen de la nada. El cuerpo aprende a reaccionar en función de experiencias pasadas, como por ejemplo:

  • Experiencias sexuales desagradables o dolorosas

  • Situaciones en las que no se respetaron límites

  • Educación sexual basada en el miedo, la culpa o la vergüenza

  • Mensajes negativos sobre el placer o el propio cuerpo

  • Relaciones en las que no hubo seguridad emocional

Aunque racionalmente la persona sepa que ahora está a salvo, el sistema nervioso puede seguir reaccionando como si no lo estuviera. El cuerpo recuerda, incluso cuando la mente quiere disfrutar.

El papel de la desconexión corporal

Una de las claves en las dificultades para disfrutar del sexo es la desconexión. Muchas personas han aprendido, sin darse cuenta, a “salir del cuerpo” para protegerse emocionalmente.

Esta desconexión pudo ser útil en algún momento, pero en la vida adulta puede interferir con el placer, la intimidad y el disfrute. EMDR permite trabajar esas experiencias de forma gradual, respetuosa y segura, ayudando a que el cuerpo vuelva a sentirse un lugar habitable.

¿Por qué trabajar estas dificultades con EMDR?

EMDR no se centra solo en el síntoma actual, sino en las experiencias que dieron origen a la respuesta de bloqueo. En lugar de forzar el disfrute o centrarse únicamente en técnicas sexuales, la terapia aborda la raíz emocional del problema.

A través del reprocesamiento, EMDR ayuda a que el cerebro:

  • Reduzca la carga emocional asociada a experiencias pasadas

  • Deje de activar respuestas automáticas de alerta o control

  • Actualice la información: “esto ya no es peligroso”

  • Permita una mayor conexión con las sensaciones corporales

El objetivo no es “obligarse a disfrutar”, sino crear las condiciones internas para que el placer pueda aparecer de forma natural.

¿Qué cambios pueden aparecer con EMDR?

Con el trabajo terapéutico, muchas personas experimentan cambios como:

  • Mayor presencia y conexión con el cuerpo

  • Disminución de la tensión o el control excesivo

  • Más facilidad para registrar sensaciones agradables

  • Reducción de la vergüenza o el miedo durante la intimidad

  • Vivir el sexo como algo propio, no como una exigencia

Cada proceso es único, y no se trata de alcanzar un ideal, sino de reconectar con la propia vivencia del placer.

Disfrutar del sexo también se aprende (y se reaprende)

Si te cuesta disfrutar del sexo, no significa que haya algo roto en ti. En la mayoría de los casos, significa que tu cuerpo aprendió a protegerse en algún momento y todavía no ha podido soltar esa respuesta.

EMDR ofrece un espacio para entender esa historia, trabajarla con cuidado y permitir que el cuerpo vuelva a sentirse seguro. Y cuando hay seguridad, el disfrute deja de ser una meta y empieza a ser una posibilidad real.