
La autoestima no tiene que ver sólo con “pensar en positivo” o repetirse frases bonitas frente al espejo. Muchas personas saben racionalmente que valen, que hacen lo que pueden o que no son peores que los demás… y aun así se sienten insuficientes, defectuosas o “no válidas” por dentro.
Cuando la autoestima está dañada, no suele ser por falta de información, sino por experiencias emocionales que dejaron huella. Y es ahí donde la terapia EMDR puede marcar una diferencia importante.
¿Qué entendemos por autoestima?
La autoestima es la forma en la que nos percibimos, nos valoramos y nos tratamos a nosotros mismos. Afecta a:
- Cómo nos hablamos internamente
- Qué límites ponemos (o no)
- Qué creemos que merecemos
- Cómo nos relacionamos con los demás
- Cuánta seguridad sentimos al tomar decisiones
Una autoestima baja no siempre se manifiesta como inseguridad evidente. A veces aparece como:
- Autoexigencia excesiva
- Miedo constante a equivocarse
- Dificultad para decir “no”
- Necesidad de aprobación
- Vergüenza o culpa persistentes
¿Cómo se forma una autoestima dañada?
La autoestima no nace con nosotros, se construye a lo largo de la vida, especialmente en las primeras relaciones significativas. Muchas personas con baja autoestima no han vivido un único gran trauma, sino experiencias repetidas como:
- Críticas constantes o comparaciones
- Falta de validación emocional
- Rechazo, burlas o humillaciones
- Relaciones donde no se sintieron vistos o respetados
- Mensajes implícitos como “no es suficiente”, “no molestes”, “no exageres”
Estas vivencias van dejando una marca emocional que el cerebro almacena como verdades internas:
“No valgo”, “algo falla en mí”, “no soy suficiente”, “si soy yo mismo, me rechazan”.
Aunque hoy la situación sea diferente, el sistema emocional sigue reaccionando como si esas experiencias siguieran ocurriendo.
¿Por qué trabajar la autoestima con EMDR?
EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) no se centra sólo en cambiar pensamientos, sino en reprocesar las experiencias que dieron origen a esas creencias negativas.
En lugar de preguntarnos únicamente “¿por qué pienso así?”, EMDR va un paso más atrás:
- ¿Cuándo empecé a sentirme así?
- ¿Qué experiencias me llevaron a verme de esta manera?
- ¿Qué quedó sin resolver emocionalmente?
Al trabajar esos recuerdos, el cerebro puede integrarlos de forma más adaptativa, reduciendo la carga emocional y actualizando la imagen que la persona tiene de sí misma.
¿Cómo ayuda EMDR a mejorar la autoestima?
A través del reprocesamiento, EMDR puede ayudar a:
- Disminuir la intensidad emocional asociada a recuerdos dolorosos
- Debilitar creencias negativas profundamente arraigadas
- Fortalecer una percepción más realista y compasiva de uno mismo
- Reducir la vergüenza, la culpa o el miedo al rechazo
- Aumentar la sensación interna de valía y seguridad
No se trata de “convencerse” de algo nuevo, sino de sentirlo como verdadero.
¿Qué puede esperar una persona en terapia EMDR?
El trabajo con autoestima suele ser progresivo y respetuoso. No se fuerza nada. En terapia se avanza al ritmo de cada persona, creando primero una base de seguridad.
Muchas personas describen que, con el tiempo:
- Se hablan con más amabilidad
- Reaccionan menos desde la autocrítica
- Se sienten más libres para mostrarse como son
- Les resulta más fácil poner límites
- Disminuye el miedo a no ser suficientes
La autoestima no cambia de un día para otro, pero puede transformarse de manera profunda y estable.
Sanar la autoestima es posible
Tener una autoestima baja no significa que haya algo mal en ti. En la mayoría de los casos, es la consecuencia lógica de haber tenido que adaptarte emocionalmente a situaciones difíciles.
EMDR ofrece una forma de mirar esa historia con más comprensión, liberar lo que pesa y construir una relación contigo mismo/a más amable, más segura y más real.
Porque no se trata de ser perfecto, sino de sentirte suficiente tal y como eres.
Si quieres empezar a cambiar la manera en que te ves a ti mism@, ponte en contacto conmigo aquí