En la actualidad, estamos viviendo una pandemia que está causando grandes dosis de ansiedad y vivencias en muchos casos traumáticas.

La posibilidad de ser contagiado y la necesidad de estar observando posibles síntomas para no contagiar a nadie más (con el aumento de los pensamientos hipocondríacos en aquellas personas que ya tendían a sufrir este trastorno psicológico, o de conductas obsesivas, los que padecían TOC), enfermos que quedan aislados de sus seres queridos, con el miedo añadido de no saber cómo evolucionará su enfermedad…

Y qué decir del personal sanitario que está ahí al pie del cañón todos los días, haciendo su trabajo lo mejor posible, en muchos casos sin el material de protección necesario (esas bolsas de basura a modo de bata, o esas gafas de buceo…) con un exceso de horas trabajadas, y la necesidad de ayudar al mayor número de personas posibles, sabiendo que habrá muchos a los que no podrán atender por falta de medios. Aunque poco a poco esto parece que está cambiando, la situación que están viviendo conlleva un estrés crónico, con episodios de estrés muy agudo, lo que les hace ser un colectivo muy vulnerable a la hora de padecer problemas adaptativos y emocionales.

Y no puedo olvidarme tampoco de aquellos profesionales que tratan de asegurarnos lo básico para seguir adelante: alimentación, limpieza, transporte… expuestos también, con el miedo y la incertidumbre cada día.

 

¿Es normal que me encuentre mal psicológicamente?

 

A todos, en mayor o menor medida, la crisis del COVID-19 nos está provocando un impacto, una huella emocional, que seguirá ahí durante mucho tiempo. Nuestros pensamientos, conductas y emociones están cambiando, y seguirán haciéndolo hasta que consigamos superar totalmente esta situación. Y se ha estado informando a la población desde el inicio de la crisis acerca de las pautas que pueden ayudarnos a minimizar los efectos de este impacto, porque es inevitable que suceda en cada uno de nosotros, en mayor o menor medida.

Nos estamos adaptando a una situación muy compleja, y los síntomas que hayan podido aparecer de ansiedad, tristeza, problemas de concentración, de sueño… en este momento pueden entrar dentro de lo esperable en función de lo que estamos viviendo.

Sin embargo, una parte importante de la población va a necesitar el apoyo de un profesional, cuando sean conscientes de que este impacto les condiciona excesivamente a la hora de volver a vivir su día a día con normalidad.

 

¿Cómo tratar este impacto emocional o huella traumática?

 

Afortunadamente, en estos momentos disponemos de herramientas terapéuticas actualizadas y muy eficaces en el tratamiento del impacto emocional intenso, o trauma psicológico. Es el caso de la terapia EMDR, avalada por la Organización Mundial de la Salud, y considerada como la mejor elección terapéutica a la hora de tratar el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), que consigue los mejores efectos en menor tiempo que otras terapias psicológicas. Y aunque inicialmente fue desarrollada para tratar el TEPT, posteriormente, dada su eficacia, se ha ampliado a multitud de patologías como ansiedad, depresión, estrés, duelos no resueltos, etc.

Este tipo de terapia, como ya se ha comentado en diversas entradas de esta web, trabaja activando el mecanismo innato que tiene nuestro cerebro para procesar la información. Gracias a un protocolo terapéutico específico se consigue guiar al paciente hasta conseguir una resolución más adaptativa del recuerdo traumático. No se borra el recuerdo, pero puedes pensar en él sin revivir la angustia o desesperación que sentías en un principio. Deja de condicionarte en el momento presente, quedando realmente en el pasado, sin emociones paralizantes o desbordantes, y consiguiendo incluso reforzar aspectos positivos del sujeto. Esto se resume en una mayor estabilidad emocional y sensación de bienestar en la persona tras el tratamiento.

Por lo tanto, si sientes que necesitas ayuda no dudes en pedir información sobre aquellos aspectos que necesites conocer antes de ir a la consulta. Y recuerda: cuida, pero también déjate cuidar. Sólo así conseguirás recuperarte, tanto física como mentalmente.

 

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. BUDA