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Somatizaciones: cuando el cuerpo nos habla

somatizacionesCuando nos duele algo, o tenemos molestias físicas, tendemos a pensar que este dolor es el reflejo de una enfermedad física. Pero en muchas ocasiones estos síntomas tienen un origen psicológico, y tras numerosas pruebas médicas, el médico puede decir aquello de “Esto es una enfermedad psicosomática”.

Pero entonces, ¿quiere esto decir que me lo estoy inventando?, ¿que mis dolores y síntomas no son reales? Por supuesto que no. Los síntomas existen, se sienten y padecen, pero no son fruto de una enfermedad orgánica.

¿Si mi problema no es físico, entonces a qué se deben los síntomas?

Se entiende como enfermedad psicosomática aquella en la que aparecen uno o más síntomas físicos que no se pueden explicar en base a una enfermedad médica. También hay ocasiones en las que la persona puede tener una enfermedad, pero estos síntomas son excesivos en comparación a lo que sería esperable, y en muchos momentos no consiguen mejorar con los distintos tratamientos médicos. De hecho, si mejoran algunos síntomas, suelen aparecer otros nuevos. Diríamos aquí que hay factores psicológicos que están afectando a la enfermedad, impidiendo su recuperación.

Las somatizaciones que suelen aparecer con más frecuencia son: dermatitis, acné, mareos, vértigos, dolores musculares, molestias digestivas (gases, náuseas…), palpitaciones, opresión en el pecho, sensación de ahogo y dolores articulares.

¿Y por qué me mandan al psicólogo?

Es entonces cuando el médico puede derivar al paciente a salud mental, o recomendarle acudir a un terapeuta, a lo que el paciente suele responder con un “Oiga, que lo que me pasa es real, no me lo estoy inventando”. Y es cierto, pero no lo está provocando un problema físico, sino psicológico, con lo cual la única manera de mejorar los síntomas será atajar el problema que los provoca con terapia psicológica. Pueden ser problemas de diversa índole: que se estén viviendo situaciones muy estresantes, o que la persona se esté exigiendo hacerlo todo perfecto, problemas familiares o de pareja, etc.

Y es que normalmente solemos pensar que los problemas psicológicos nos pueden causar tristeza, desesperación, rabia o frustración, pero no somos tan conscientes de que un problema psicológico puede también provocarnos una migraña, una subida de alergia, o incluso problemas hormonales. Se sabe, por ejemplo, que cuando una persona está viviendo una situación de estrés continua sufre una debilitación de su sistema inmunológico, y esto le hace más proclive a sufrir infecciones. También hay enfermedades que están íntimamente relacionadas con el estrés, y su origen, mantenimiento y recuperación dependen de cómo se gestione.

Y es que el cuerpo y la mente están unidos. En estos casos, los problemas físicos son esas señales que nos proporciona el cuerpo para que paremos y reflexionemos. ¿Qué es lo que no me deja avanzar? ¿Qué es lo que me está diciendo este dolor de cabeza, o este dolor muscular continuo? De este modo, mejorando nuestro estado psicológico conseguiremos mejorar los síntomas y tendremos más calidad de vida.

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