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Tolerar la incertidumbre

tolerancia-incertidumbre“¿Qué me dirá el médico cuando tenga las pruebas?”, “¿Me cogerán para el trabajo?”, “¿Y si tiene un accidente con el coche?”…La vida está llena de incertidumbre. No podemos estar seguros de lo que va a suceder a cada minuto, y esto puede producirnos inseguridad. Dependiendo de cómo toleremos esta incertidumbre viviremos con más o menos ansiedad. ¿Por qué? Las personas con baja tolerancia se preocuparán en exceso ante la posibilidad (por minúscula que sea) de que algo se resuelva de manera negativa y sobreestimarán la probabilidad de que vaya a ocurrir. A esto lo llamamos “anticipación ansiosa” o “anticipación catastrófica”, ya que la persona anticipa lo que va a pasar en el futuro de manera sesgada, teniendo en cuenta sólo la posibilidad más negativa y dándole mucha más importancia.

 
Dos ejemplos:

 

Marta tiene una visita médica en unos días. Le han hecho una prueba por unos dolores de estómago y le van a decir los resultados. Todos los datos apuntan a la posibilidad de que sea una reacción física frente al estrés, ya que ha pasado por unos meses muy difíciles. Sin embargo, ella está centrada en la posibilidad de tener algo malo, como por ejemplo un tumor. A pesar de que el médico le ha dicho que lo más probable es que no sea nada importante, ella se siente abrumada ante la cantidad de pensamientos negativos que se le aparecen, todos relacionados con el cáncer y el proceso de tratamiento que tendría que seguir en ese caso. Busca información en internet, le pregunta a sus amigos con el fin de que la tranquilicen, y no deja de pensar en ello a pesar de intentarlo… Esa noche apenas duerme un par de horas.

 

Inma se encuentra en el mismo caso que Marta. También tiene molestias y le van a dar los resultados. El día que fue al médico le preguntó cuál podría ser la causa y preguntó todas las dudas que le surgieron. EL médico le dijo lo mismo que a Marta. Ya en casa comienza a sentirse ansiosa, pero piensa en que ya ha empezado a solucionar su problema y decide no darle más vueltas al tema ya que no puede resolver nada más por el momento, y piensa que si tiene algo malo ya lo resolverá con su debido tratamiento, pero que todo indica que puede ser debido al estrés. Decide seguir con sus tareas y consigue olvidar el problema hasta el día de los resultados. La noche de antes consigue dormir con normalidad.
Estos dos casos muestran cómo dos personas, ante la misma situación de incertidumbre, pueden reaccionar de manera distinta. Inma muestra más tolerancia frente a la incertidumbre, estimando objetivamente las probabilidades que existen en cada caso, y esperando con calma los resultados. Marta, por el contrario, no puede dejar de pensar en el peor resultado posible, lo que aumenta considerablemente sus niveles de ansiedad y le altera emocionalmente.

 
Sin embargo, aunque haya personas con más o menos tolerancia de base, también hay que tener en cuenta que una misma persona puede tolerar de manera diferente distintos tipos de incertidumbre: por ejemplo, podemos tolerar mejor la incertidumbre en relación a nuestra salud, pero peor si se trata de la de nuestros seres queridos, o cuando son temas laborales o de relaciones interpersonales.

 
Algunas acciones que llevamos a cabo cuando tenemos baja tolerancia:

 

– Evitamos hacer cosas por miedo a los resultados.
– Las dejamos para más adelante.
– No delegamos nunca, nos aseguramos de que lo hacemos nosotros (otro podría hacerlo mal y sería terrible).
– Buscamos gran cantidad de información antes de hacer algo (para asegurarnos de que lo haremos correctamente).
– Pedimos consejo a varias personas antes de hacer cualquier cosa.
– Sobreprotegemos a los demás, haciendo a incluso cosas que deberían hacer ellos.

 
Todas estas acciones reflejan miedo al futuro, a lo desconocido, a cometer errores (que en nuestra mente serían imperdonables y con consecuencias terribles), y nos llevan a creer que no sabremos resolver los problemas que nos vayan surgiendo a lo largo de la vida.

¿Se puede aprender a tolerar mejor la incertidumbre?

 
Sí, con paciencia y constancia, si nos exponemos contínuamente a esa incertidumbre, gradualmente (exponiéndonos primero a aquellas situaciones que nos resulten menos difíciles de superar), y analizamos lo que se nos pasa por la cabeza en esos momentos. Seguramente serán pensamientos como «¿Y si no leo el e-mail contínuamente y hay un problema y no lo puedo resolver en el momento?», o «¿Y si esta noche sale y tiene un accidente con el coche?», o «Seguro que tengo algo grave y aún no lo han descubierto»…

 

Conforme vayamos exponiéndonos a aquellas situaciones que nos den miedo veremos que aquello que pensábamos que iba a ocurrir y que sería terrible nunca sucede, o si es el caso, descubrimos que hemos sido capaces de hacerle frente a pesar de todo.

 
Cuando el miedo a la incertidumbre sea muy intenso a veces podremos necesitar la ayuda de un profesional, quien nos ayudará poco a poco a superar cada una de esas situaciones y a recuperar la confianza en nosotros mismos para hacerles frente cada día.

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